parquímetro

El número de cuestiones de difícil explicación en nuestra ciudad es cada vez mayor.

Una de ellas es que la mayoría, por no decir todos, de los parquímetros de la ciudad permanezcan averiados mientras el Ayuntamiento aprobó en su día una partida y una modificación presupuestaria por un importe total de 70.000 euros destinados a comprar nuevos parquímetros dados los problemas y quejas que están protagonizando los actuales.

Como de costumbre, resulta inevitable mirar qué han hecho otros municipios cercanos.

En Binéfar, los antiguos parquímetros tenían 18 años de antigüedad y el Ayuntamiento decidió sustituirlos en 2025, instalando finalmente siete nuevos equipos, alimentados mediante energía fotovoltaica, con pago mediante monedas, tarjeta y aplicación móvil. La adjudicación ascendió a 58.743,84 euros, IVA incluido.

En Barbastro, en cambio, en 2025 ya se denunciaba públicamente la existencia de parquímetros fuera de servicio, y en el presupuesto de 2026 apareció inicialmente una partida de 38.000 euros para adquirir nuevos equipos. Posteriormente, mediante una modificación presupuestaria, esa cantidad se elevó hasta 70.000 euros.

Es decir: tenemos máquinas que no funcionan correctamente, quejas sobre el servicio y, finalmente, una inversión considerable para sustituirlas que, en la recta final del año no se ve por ninguna parte.

Pero sigamos con las recurrentes (y dolorosas) comparaciones. ¿Y Monzón?

En nuestra ciudad vecina, el sistema de estacionamiento regulado permite el pago mediante aplicación móvil en una planificación de movilidad que recoge alrededor de 65 plazas de zona azul en el área estudiada.

Evidentemente todas las ciudades no tienen las mismas necesidades y no sería considerado un acto de buena política que un municipio deba copiar al otro en todo, pero sí  hemos de preguntarnos por qué en algunos sitios se actúa cuando los equipos llegan al final de su vida útil y en otros parece que hay que esperar a que aparezcan los problemas o, incluso después de aparecer, se mira para otro lado y se deja una infraestructura como esa, fuera de de servicio con todo lo que ello supone de falta de plazas de aparcamiento e ingresos para la ciudad, máxime cuando no estamos hablando de una infraestructura de alta complejidad tecnológica, sino de una simple una máquina, más o menos sofisticada, que cobra por aparcar, de manera que, 70.000 euros presupuestados después, la pregunta es sencilla: ¿qué ha fallado para que hayamos llegado hasta aquí?

Evidentemente, el problema no son solamente los parquímetros, sino la forma habitual de este Ayuntamiento de gestionar el mantenimiento de los servicios públicos que consiste (lo sabemos bien) en contemplar cómo aparecen los problemas, dejar que se acumulen y esperar a que envejezcan con la esperanza de que se solucionen por sí mismos, mientras contemplamos como otros municipios ya han hecho lo que tocaba y nosotros, una vez más, llegamos tarde.

Fotografía: Cadena SER.