bibliotecaSi hay algo que, a estas alturas ya casi nadie discute es que Barbastro parece haberse instalado la curiosa costumbre municipal de terminar las obras y olvidarse de ponerlas a disposición de los vecinos y la nueva Biblioteca Municipal, una obra ubicada en los antiguos Almacenes San Pedro, que se terminó en enero de 2026 y que hasta hoy no ha habido tiempo para ponerla en funcionamiento, constituye otro ejemplo de esta peculiar forma de gestionar los proyectos públicos.
Las obras, cuyos importes de adjudicación y modificación contractual han supuesto una inversión aproximada de 2,39 millones de euros, IVA incluido, están finalizadas, pero la biblioteca continúa sin abrirse a los ciudadanos y, como ya viene siendo rutinario, la explicación hay que buscarla en el habitual e interminable capítulo de los flecos pendientes que nadie parece saber, querer o poder resolver de manera definitiva.

Pese a que, desde el Equipo de Gobierno se anunció en febrero de 2026 que la nueva Biblioteca Municipal abriría sus puertas durante el último trimestre del año, a fecha de hoy esta apertura sigue pendiente y ni siquiera se han adjudicado los trabajos necesarios para trasladar los libros desde la antigua biblioteca en una prueba más que demuestra que la planificación municipal vuelve a dejar mucho que desear.

Volvemos a vernos obligados a recurrir a la ironía (reír por no llorar) cuando nos preguntamos si de verdad nadie pensó que, una vez terminadas las obras, habría que llevar allí los fondos bibliográficos en un tiempo razonable y la respuesta, de nuevo y como siempre, parece ser que no.

Los libros siguen en la antigua biblioteca de la calle Argensola a la espera de ser trasladados en virtud de un contrato que, pese a contar con la financiación, no consta que se haya adjudicado todavía

Pero esto no es todo. Centrándonos en la obra en sí, al parecer, solamente se reforzó estructuralmente una parte de los antiguos Almacenes San Pedro, precisamente la zona destinada a albergar los libros, lo cual es lógico, ya que los libros pesan, y mucho y, por tanto, no pueden colocarse libremente en cualquier espacio del edificio. Hasta ahí, podemos estar de acuerdo.

Sin embargo, esta decisión ha traído una consecuencia tan llamativa como preocupante porque, de esta manera, una parte del fondo documental va a quedarse sin trasladar, lo cual nos lleva a plantearnos otra serie de preguntas como qué libros se trasladarán exactamente a la nueva biblioteca, qué ocurrirá con aquellos que no puedan instalarse en el edificio, si se conservarán adecuadamente, si quedarán accesibles para los ciudadanos y si, para ello, la antigua biblioteca permanecerá también abierta para consultar esos fondos que no encuentren acomodo en las nuevas instalaciones.

No son cuestiones menores, sino servicios públicos, de patrimonio cultural y de dinero de todos los barbastrenses que todos nos hacemos porque la nueva biblioteca empieza a parecerse demasiado a otros proyectos municipales, como el nuevo cementerio, donde las obras no parecen acabar nunca y la puesta en funcionamiento se eterniza.

Como decíamos precisamente al hablar del cementerio, en Barbastro no necesitamos más edificios terminados y sin poner en servicio, sino instalaciones útiles, servicios operativos y una gestión eficiente de planificación y puesta en funcionamiento de las obras municipales.

En Barbastro ya hace tiempo que cambiamos las inauguraciones importantes por las fotos, hasta el punto de  que ya no se esperan ni siquiera a terminar una obra, se las hacen con el proyecto a medias, olvidando que lo verdaderamente importante no es la foto, sino que los vecinos puedan utilizar aquello que se paga con sus impuestos.

Y, una vez más, parece que eso es precisamente lo que se no termina de entender por parte de quienes nos gobiernan.