El parking de La Merced se ha convertido en otro ejemplo de la incapacidad municipal a la hora de llevar a cabo obras e infraestructuras relevantes que, por otra parte, no dejan de anunciar. La necesidad de mejorar este espacio lleva años sobre la mesa, pero, aunque los anuncios se suceden, los barbastrenses seguimos sin poder disfrutar todavía de obras tan necesarias como prometidas y reiteradamente incumplidas.
El 15 de mayo de 2021, dos años después de la toma de posesión del nuevo consistorio y, habiéndose dado ya pasos en este sentido por el anterior, el aparcamiento apareció por primera vez entre las inversiones municipales previstas, sin embargo, no consta entre la documentación que este barbastrense ha consultado que durante 2022 se produjeran avances concretos.
En noviembre de 2023, el alcalde, Fernando Torres, reconoció retrasos y planteó estudiar la elaboración de un proyecto. En 2024 se reservaron 100.000 euros para redactarlo financiados mediante una nueva incorporación de remanentes de tesorería. La actuación seguía pendiente a 17 de junio de 2024 cuando se publico el balance del primer año del mandato municipal y, felizmente, en enero de 2025, el Ayuntamiento anunció un aparcamiento de unas cien plazas, presentado como un proyecto estratégico que beneficiará a los ciudadanos, la hostelería y la industria y con el que se cumple un compromiso, con la previsión de completar los trabajos durante ese año.
No deja de resultar paradójico que, en dicha presentación se afirmaba por parte de los presentes que valemos como personas lo que vale nuestra palabra y por eso estamos hoy aquí, palabra que no debía valer mucho ya que 2025 terminó sin cumplir ese calendario, la licitación para acondicionar el terreno quedó desierta y los 100.000 euros previstos inicialmente no se ejecutaron.
Puestos a seguir programando sin visos de ejecución, al Equipo de Gobierno debió parecerle bien que, en enero de 2026, se destinasen otros 56.000 euros para redactar el proyecto de ejecución del aparcamiento de La Merced, que se sumaban a los 100.000 euros consignados en el presupuesto de 2025 y que no se habían ejecutado, añadiéndose otros 50.000 euros más en agosto, mientras se alimentaban las expectativas de comenzar las obras en otoño.
Estamos finalizando octubre y seguimos hablando de estudios previos, plazos inciertos y sorprendentes giros de guion ya que, en una entrevista radiofónica del pasado 20 de octubre, Torres explicó que el Ayuntamiento ha contratado ahora (con gran esfuerzo) a un arqueólogo para estudiar los terrenos debido a la posibilidad de que, puestas las palas en faena, aparezcan restos del antiguo convento de los Mercedarios, que ocupó la zona en el siglo XVIII.
A preguntas de las entrevistadoras sobre plazos y fechas, la respuesta del alcalde fue poco tranquilizadora, ya que admitió que no podía concretar los plazos, porque dependen de la duración del estudio arqueológico y de la posterior licitación, reconociendo implícitamente no poder dar una fecha para el inicio de las obras porque: hay veces que aquí he venido y he dado fechas… que luego (esto ya lo decimos nosotros), no se han cumplido.
Así estamos. Después de años de anuncios, de partidas presupuestarias para proyectos desiertas, calendarios incumplidos y de promesas a los ciudadanos, la hostelería y la industria, el alcalde vuelve a pedir paciencia sin ofrecer una fecha concreta. La arqueología, siempre pintoresca, puede ser necesaria, no lo vamos a negar, pero la pregunta futurible a la que ya nos hemos acostumbrado los barbastrenses es: ¿cómo es posible que una actuación proyectada desde 2021 y anunciada para 2025 continúe pendiente de estudios y trámites en octubre de 2026 sin que se haya movido un gramo de tierra todavía?

Llamarlo parking son palabras mayores es un escampado de piedras, hierbas secas y mucha suciedad donde está lleno de agujeros que se meten las ruedas y si llueve lleno de charcos, en fin una vergüenza