Hay una diferencia que cada vez resulta más difícil de ocultar entre Barbastro y Monzón: mientras unos se mueven para atraer inversiones y preparar el futuro industrial de su ciudad, otros parecen conformarse con gestionar lo poco que les va quedando.
La última muestra llega desde Monzón. Su alcalde, Isaac Claver, se ha reunido con el Gobierno de Aragón, acompañado por representantes de empresas como SAMCA y Ercros, para buscar soluciones y financiación que permitan impulsar el desarrollo del polígono industrial La Armentera. No se trata simplemente de una reunión protocolaria: se está trabajando en infraestructuras, desarrollo urbanístico, ayudas públicas, una nueva comisión gestora empresarial e incluso en la posibilidad de revisar un PIGA.
Los resultados de esa estrategia son difíciles de discutir. La Armentera cuenta actualmente con unas 40 empresas, más de 1.500 empleos y una facturación conjunta superior a los 1.000 millones de euros. Además, dispone de unas 400 hectáreas de suelo industrial y una posición logística privilegiada, con conexión ferroviaria y acceso directo a las autovías A-22 y A-23.
Y mientras Monzón piensa en cómo crecer, ¿qué está haciendo Barbastro?
La realidad resulta bastante menos alentadora. El propio Ayuntamiento reconoce que el Área 52 C, con apenas 20.000 metros cuadrados y unas veinte parcelas, constituye el primer desarrollo de suelo industrial de la ciudad en dos décadas.
Y eso debería hacernos reflexionar.
Porque Barbastro tampoco carece de posibilidades. El polígono Valle del Cinca es un importante espacio empresarial, con 75 empresas instaladas. Pero este mismo año el Ayuntamiento ha tenido que anunciar 1,48 millones de euros para modernizar unas infraestructuras que necesitan actuaciones en iluminación, asfaltado, depuración, seguridad y mantenimiento.
La pregunta es inevitable: ¿por qué Monzón está pensando en cómo atraer y hacer crecer nuevas industrias mientras Barbastro lleva veinte años sin desarrollar nuevo suelo industrial?
No se trata de negar los problemas ni las dificultades que existen en cualquier municipio. Se trata de liderazgo.
Monzón tiene un alcalde que sale a buscar inversiones, alianzas y financiación.
Barbastro necesita dejar de mirar cómo lo hacen los demás.
Porque la industria no espera. Y las empresas tampoco.
