
Hay problemas que pueden aparecer de forma puntual en cualquier ciudad. Y hay otros que, cuando se repiten y se prolongan en el tiempo, dejan de ser una anécdota para convertirse en un problema de gestión.
La proliferación de ratas en Barbastro vuelve a ponerlo de manifiesto. La suciedad y la falta de mantenimiento de algunos solares se han convertido en el origen de la aparición de estos animales, generando molestias y preocupación entre los vecinos. Y lo más preocupante no es solamente que existan ratas: es que el problema se repite sin que parezca encontrarse una solución definitiva.
Un solar abandonado, lleno de vegetación, residuos y suciedad, no aparece de la noche a la mañana. Tampoco las ratas. Son situaciones que pueden detectarse, comunicarse y, sobre todo, prevenirse.
Y aquí es donde hay que exigir responsabilidades a quien gobierna.
El Ayuntamiento dispone de herramientas para obligar a los propietarios a mantener sus solares en unas condiciones adecuadas. También tiene competencias en materia de limpieza, salubridad y control de plagas. Pero cuando un problema se enquista, la pregunta no debería ser únicamente quién es el propietario del solar, sino qué está haciendo el Ayuntamiento para conseguir que cumpla sus obligaciones.
Porque resulta demasiado fácil señalar exclusivamente al ciudadano y olvidarse de la responsabilidad de la Administración, tentación en la que el propio alcalde ha caído más de una vez.
Barbastro no puede asumir como algo normal convivir con solares convertidos en auténticos focos de suciedad y con una presencia creciente de roedores. Tampoco puede limitarse a actuar cuando las quejas de los vecinos se acumulan.
Gobernar una ciudad también significa anticiparse a los problemas, inspeccionar, requerir, sancionar cuando corresponda y actuar subsidiariamente cuando la legislación lo permita.
Y si el problema continúa, algo está fallando.
Los vecinos no necesitan explicaciones sobre por qué aparecen las ratas. Necesitan que desaparezcan.
Porque una ciudad limpia y saludable no se consigue con campañas, fotografías o anuncios.
Se consigue gestionando.
Y, una vez más, Barbastro tiene un problema delante de sus narices y un gobierno municipal que parece incapaz de solucionarlo.
