Hay problemas que pueden solucionarse con voluntad política. Y hay problemas que, cuando se prolongan durante años sin una solución efectiva, empiezan a demostrar algo mucho más preocupante: la incapacidad de quienes tienen la responsabilidad de gestionarlos.

La limpieza de Barbastro es uno de esos problemas.

En diciembre de 2025, la Cadena SER recogía las quejas de numerosos vecinos por el estado de las calles del casco histórico y de diferentes barrios. Las imágenes del día de Navidad mostraban papeleras llenas, botellas y vasos abandonados en los bancos y residuos acumulados en las calles.

Pero lo verdaderamente revelador de aquella noticia no eran las fotografías. Era descubrir que Ayuntamiento y Comarca llevaban desde 2023 negociando un nuevo convenio de limpieza viaria.

Dos años negociando.

Dos años durante los cuales la ciudad ha seguido creciendo, mientras el servicio continuaba funcionando con un documento de apenas unas páginas procedente de 2002 o 2003. Es decir, Barbastro estaba intentando afrontar en 2025 las necesidades de una ciudad que ha cambiado radicalmente con unas condiciones diseñadas para hace más de veinte años.

Resulta insultante el desconocimiento que para algunos tiene el hecho de que la responsabilidad política no puede diluirse.

La limpieza viaria es una competencia municipal, aunque la prestación material la realice la Comarca. El propio presidente comarcal explicaba entonces que el Ayuntamiento debía definir qué servicio necesitaba para poder calcular el coste y organizarlo adecuadamente.

Por tanto, la pregunta es sencilla: ¿qué ha estado haciendo el Gobierno municipal durante todo este tiempo?

Porque negociar durante tres años mientras los vecinos continúan denunciando la suciedad desde luego no puede presentarse como un éxito de gestión. Es, como mínimo, la demostración de un fracaso palmario.

No obstate y, para ser honestos, hay que decir que, en junio de este año se ha firmado por fin el nuevo convenio, ¡26 años después del anterior!, eso si, con más presupuesto, más trabajadores y nuevos medios, faltaría más.

Bienvenido sea, aunque, a juzgar por el estado de la limpieza de la ciudad, los cambios parecen hacerse esperar.

Llegados a este punto, lo que cabe preguntarse por qué ha habido que esperar tanto.

Una ciudad no puede estar tres años esperando a que sus gobernantes se pongan de acuerdo sobre cómo limpiarla, sobre todo, si la base de la negociación se centra en un convenio de 26 años de antigüedad que, evidentemente, hace lustros que debía haberse renovado en todos los sentidos.

Los vecinos no necesitan negociaciones eternas, necesitan una ciudad limpia.

Foto: Cadena Ser.