Hay proyectos que se retrasan porque son complicados. Otros porque necesitan financiación. Y después está el nuevo cementerio municipal de Barbastro: una infraestructura que lleva años esperando algo mucho más sencillo.

Que la pongan en funcionamiento.

Cada cierto tiempo se vuelve  a poner el foco sobre una situación difícil de explicar como que el nuevo cementerio continuaba cerrado pese a que sus instalaciones estaban prácticamente terminadas desde 2019. Concretamente seis desde la llegada del actual alcalde sin conseguir ponerlo en servicio.

En febrero de 2025, el propio Ayuntamiento anunciaba que las obras de los accesos habían terminado y aseguraba que el siguiente paso era construir otros 300 nichos para poder abrir el cementerio “con todas las garantías”. La previsión municipal era ponerlo en funcionamiento a finales de 2025.

Pues bien. La pregunta es inevitable: ¿qué ha pasado?

Porque un cementerio municipal, más allá de lo evidente, no se construye para convertirse en un monumento a la paciencia. Y mucho menos cuando se han invertido más de un millón de euros en diferentes fases desde que comenzaron las obras en 2011.

Y mientras tanto, Barbastro sigue teniendo un cementerio municipal nuevo que no presta servicio.

No estamos hablando de una rotonda, de una estatua o de una obra ornamental. Estamos hablando de un servicio público básico.

Incluso existe otro ejemplo de parálisis: la propuesta para incorporar un crematorio a las instalaciones, aprobada por el Pleno municipal tampoco ha avanzado según la denuncia publicada en octubre de 2025.

Quizá haya explicaciones técnicas, administrativas o presupuestarias, pero seis años son muchos años.

Demasiados para una instalación que estaba prácticamente hecha.

Gestionar una ciudad también consiste en terminar lo que otros empezaron, resolver los problemas pendientes y cumplir los plazos que uno mismo anuncia.

Barbastro no necesita otro proyecto que enseñar en una presentación. Necesita que los proyectos terminados sirvan para lo que fueron construidos.

Y parece que la finalidad de este cementerio es simplemente la de esperar a que alguien lo entierre… en la burocracia municipal.

⁠Fotografía: Ganas de Vivir