Hay algo que debería hacer reflexionar al Ayuntamiento de Barbastro: que sean los niños y adolescentes quienes tengan que señalar algunos de los problemas más básicos de la ciudad es ya para hacérselo mirar.
Recientemente, el Consejo Municipal de la Infancia y Adolescencia se reunió en el Salón de Plenos, y los chavales aprovecharon para poner sobre la mesa una lista de cuestiones que, más que sorprendentes, resultan preocupantes: escaso respeto a los pasos de cebra, conductores que no respetan los límites de velocidad, falta de fuentes en parques y zonas verdes, deficiencias en espacios de ocio, aceras en mal estado, problemas en determinados pasos de peatones y alcorques vacíos.
No estamos hablando de grandes proyectos urbanísticos ni de obras millonarias. Estamos hablando de cosas tan elementales como poder cruzar una calle con seguridad, disponer de una fuente en un parque o tener una acera en condiciones.
Y aquí aparece la pregunta que nadie parece querer hacerse: ¿hace falta que sean los niños quienes tengan que recordarle al Ayuntamiento que estas cosas existen?
De estas inquietudes de nuestros más jóvenes, el alcalde presente y los concejales allí presentes tuvieron noticia de manera directa. Es decir, el Ayuntamiento conoció de primera mano los problemas que preocupaban a los más jóvenes de la ciudad.
Lo verdaderamente preocupante no es que los chavales detecten estas deficiencias. Lo preocupante es que muchas de ellas deberían haber sido detectadas y solucionadas por los servicios municipales mucho antes de que llegaran al Salón de Plenos.
Porque un Ayuntamiento no debería funcionar como una oficina de recepción de quejas. Debería tener capacidad para anticiparse a los problemas, realizar un mantenimiento periódico y comprobar que aquello que es responsabilidad municipal se encuentra en condiciones.
Y hay algo todavía más paradójico.
Barbastro presume, con razón, de ser una Ciudad Amiga de la Infancia. Pero ser una ciudad amiga de los niños no consiste solamente en crear un consejo, hacer reuniones y hacerse una fotografía en el Salón de Plenos. Consiste también en escuchar lo que dicen y, sobre todo, hacer algo después de escucharlo.
Los niños ya han hecho su parte.
Han mirado su ciudad, han detectado problemas y los han comunicado.
Ahora falta saber si el Ayuntamiento hará la suya.
Porque para cuidar Barbastro no hace falta esperar a que un niño venga a decirnos dónde está el paso de cebra despintado.
Hace falta simplemente mirar. Y actuar.
Foto Diario del Alto Aragón.
