Mañana, 16 de octubre, abrirá sus puertas una nueva edición de FERMA y en esta 65ª edición el Ayuntamiento de Barbastro, en una vuelta de tuerca más a la desesperada, la presenta como un punto de encuentro profesional del sector primario y agroalimentario y habla de evolución, oportunidades de negocio, reuniones B2B y compradores internacionales. Pomposo suena, eso sí.

El problema es que, cuando se rasca un poco la pintura institucional, aparece una realidad bastante menos triunfal, cuajada de incertidumbres y promesas vacías.

Porque FERMA no nació para organizar una jornada de conferencias, una comida de networking y unas reuniones empresariales indeterminadas. Nació a comienzos de los años sesenta, vinculada a la transformación del campo y a la creciente mecanización agrícola. Aquella primera feria de maquinaria agrícola y del automóvil convirtió a Barbastro en un auténtico escaparate comercial de referencia dentro y fuera de nuestra provincia. En los difíciles años setenta, el certamen reunía tractores, cosechadoras, maquinaria, sistemas de riego, abonos, automóviles, camiones, productos agrícolas, artesanía y un largo etcétera. Era una feria de verdad que, aunque entonces no se llamase así, también incluía el arrogante B2B, porque no eran pocas las empresas aprovechaban cada certamen para vender sus productos a otras empresas en una época en la que al dichoso termino se le llamaba relaciones comerciales entre empresas y así todo el mundo se entendía.

Hoy, sin embargo, resulta difícil no preguntarse cuánto queda de aquello.

Dede el propio equipo de gobierno se viene reconociendo que FERMA precisaba un cambio y que la marca había perdido entidad en determinados sectores. En 2024 se decidió especializarla en el sector agrario, trasladarla a octubre y convertirla en un evento profesional olvidando todo aquello que le había dado esplendor y que, quizá por no ser capaces de mantener el formato, les estorbaba.

Así que, la pregunta inevitable es si ¿estamos ante una evolución o ante la necesidad de justificar la desaparición progresiva de una feria que no se sabe cómo mantener y gestionar?

Y no será porque no han mareado la perdiz hasta dejarla perdida.

En 2021 FERMA se fragmentaba en propuestas como FERMA Mobility; en 2022 se extendía durante semanas y repartía sus actividades por distintos espacios; en 2023 volvía a dividirse entre agosto y octubre y, en 2024 llegó el renacimiento y la reconversión definitiva hacia un formato mucho más reducido y especializado.

Un giro de 45 grados que siguió rotando hasta los 90 grados, después hasta los 180 y finalmente se ha quedado virando indefinidamente hacia los 360 grados sin sentido ni control en una interpretación que no sólo se hace este barbastrense. En 2025 la oposición socialista denunció que FERMA había perdido identidad y relevancia, señalando la deslocalización del recinto, el cambio de fechas y el abandono de su carácter multisectorial como motivos para este desbarajuste que nadie entendía y a nadie atraía, llegando a definirla como una feria que solo conserva el nombre de lo que fue.

De nuevo ahora el Ayuntamiento anuncia que FERMA se transforma en reuniones B2B (a las que, por cierto, alguien ha tenido la osadía de invitar a un diputado y una senadora del PP en precampaña electoral), y que las misiones comerciales inversas son el futuro. Como marketing para los menos espabilados de la clase está bien, pero, dicho sea de paso, convendría llamar a las cosas por su nombre: esto no es la evolución natural de aquella gran feria que hizo de Barbastro un referente, es la consecuencia de años de cambios de rumbo, pérdida de identidad, falta de ideas y de una estrategia capaz de decidir el futuro de FERMA.

En su lugar le añadimos conceptos intangibles de dificil pronunciación y menor futuro aún con la esperanza de que, a base de aplicar el método de ensayo error, al final se acabe dando con la solución de manera mágica. Que va a ser que no.

Podemos estar de acuerdo en que cambiar el formato de una feria en otra cosa puede ser un avance necesario, pero lo que resulta mucho más difícil es convertir una feria en un éxito simplemente poniéndole un nombre cool al fracaso.

FERMA merece algo más que sobrevivir.

Merece volver a ser importante.