fuegoHay decisiones que pueden ser legales y, aun así, ser difíciles de entender, y la elección del alcalde de Barbastro de mantener la traca final de las fiestas, el pasado 8 de septiembre, es una de ellas.

Ese día Barbastro se encontraba en nivel Rojo de peligro de incendios forestales, con un riesgo calificado como muy alto por el Gobierno de Aragón, con unas prohibiciones específicas muy claras y el Somontano entre las zonas afectadas, como puede verse en este mapa.

A pesar de ello, esa noche se disparó un espectáculo pirotécnico de 15 minutos y 149,9 kilos de materia reglamentada en el Parque de la Paz.

No se trata de negar que el Ayuntamiento dispusiera de autorización del Gobierno de Aragón, que esta estableciese que el espectáculo debía suspenderse si se alcanzaba el nivel Rojo Plus, y que, según explicó el alcalde, se consultase con Bomberos y se diseñase un dispositivo preventivo.

Pero tampoco podemos pasar por alto el incumplimiento, por parte del Ayuntamiento, de la propia autorización, que prohíbe expresamente, en su artículo 3 disparar o prender cohetes u otros explosivos similares, independientemente de su lugar de lanzamiento, cuando su alcance pueda incidir sobre terrenos forestales. La cosa no puede estar más clara.

En cualquier caso, de lo que se trata es de encontrar una respuesta coherente a la cuestión fundamental: ¿era prudente hacerlo?, porque, mientras no la tengamos, estamos ante una contradicción difícil de explicar.

Porque el pasado mes de junio, con motivo de las Hogueras de San Ramón, el Ayuntamiento decidió suspenderlas debido al riesgo de incendios. La decisión se justificó por la situación de nivel rojo y por las restricciones al uso del fuego y entonces sí que se consideró que el riesgo aconsejaba no encender unas hogueras que constituían un riesgo potencial.

Tres meses después, con Barbastro nuevamente en nivel rojo, se decidió encender casi 150 kilos de material pirotécnico. Inaudito.

No sabemos dónde está la diferencia, pero, desde luego, no podemos pretender encontrarla escondida en la semántica de una ley. No es sensato.

Y no estamos hablando de un riesgo puramente teórico. El 21 de julio de 2025, un incendio originado en unos rastrojos alcanzó una zona forestal próxima al Parque de la Paz, una clara y evidente zona forestal de la ciudad (¿recordáis el incumplimiento de la prohibición  del artículo tercero de la autorización?). Pues precisamente en ese mismo lugar las llamas obligaron a desalojar a unas 43 personas de la residencia Valentia, además de las piscinas municipales y el propio parque, llegando hasta una vivienda cercana que acabó seriamente dañada.

Este antecedente demuestra que el riesgo en esa zona no es una hipótesis ni una exageración.

Por eso, que la traca tuviera autorización no debería cerrar el debate. Una autorización establece que algo puede hacerse bajo determinadas condiciones, pero no obliga a hacerlo cuando las circunstancias y un mínimo de sentido común aconsejan lo contrario.

Por eso, lo que los barbastrenses cuestionamos es la decisión.

Si en junio el alcalde pareció aplicar el principio de prudencia y se suspendieron unas hogueras por riesgo de incendio de nivel rojo, resulta difícil entender por qué en septiembre, también con nivel rojo,  se consideró conveniente disparar casi 150 kilos de material pirotécnico junto a una zona boscosa con mucha vegetación.

Gobernar no consiste únicamente en preguntarse “¿puedo hacerlo?”, sino en considerar si “¿es prudente lo que estoy haciendo?”

Y cuando existe un antecedente como el incendio del Parque de la Paz de 2025, quizá la respuesta debería haber sido mucho más clara.

Esta vez salió bien.

Pero la buena gestión de los riesgos no consiste en celebrar que no ocurrió nada, sino en tomar decisiones para reducir al máximo las posibilidades de que ocurra.