Las fiestas ya terminaron y el día 8 se también se acabó Interpeñas, se desmontaron los escenarios, las barras, los urinarios portátiles y prácticamente todo aquello que durante esos días ocupó espacio el aparcamiento de El Portillo.
¿Todo? No.
En medio del aparcamiento de El portillo permanece todavía esta estructura, perfectamente instalada y convenientemente vallada, como si las fiestas fueran a continuar en cualquier momento. Por cierto, ¿qué haríamos en Barbastro sin las vallas?
Bromas aparte, no estamos hablando de un pequeño elemento que haya quedado olvidado en una esquina, sino una estructura de buen tamaño en pleno aparcamiento y que ocupa, como mínimo, seis plazas de estacionamiento.
Las fotografías hablan por sí solas.
Lo curioso es que, mientras el resto de las instalaciones que allí se ubicaban y que ya han desaparecido, esta estructura continúa ahí, sin que se sepa muy bien por qué ni, sobre todo, cuándo está previsto retirarla, volviendo a dar lustre y sentido a una palabra que en Barbastro empieza a resultar demasiado familiar: dejadez.
Porque es perfectamente comprensible que durante las fiestas sea necesario ocupar la totalidad de esta zona de estacionamiento para montar las instalaciones , eso lo sabemos, pero otra muy diferente es que cinco días después de terminar las fiestas encontremos todavía una estructura de estas dimensiones en mitad de un aparcamiento público, ocupando plazas que podrían estar utilizando los vecinos.
¿Tan complicado es desmontarla?, ¿existe algún motivo para que siga ahí?, ¿se ha previsto su retirada o simplemente se ha quedado esperando a que alguien se acuerde?
Además, el problema no es solamente esta estructura, sino la sensación que transmite de que, una vez terminado el evento, nadie parece tener demasiada prisa por dejar el espacio exactamente como estaba antes.
Y eso también es gestión municipal.
Mantener una ciudad no consiste únicamente en hacerse fotos o anunciar proyectos que nadie sabe si finalmente verán la luz. También consiste en recoger, limpiar, reparar, mantener y comprobar que las cosas se hacen hasta el final.
En el estacionamiento de El Portillo, por ahora, el final de Interpeñas parece haberse quedado a medias, con un saldo de, al menos, seis plazas menos para aparcar y una estructura vallada ocupando un espacio público sin que nadie explique el motivo.
Quizá mañana desaparezca.
O quizá permanezca unos cuantos días más, quién sabe.
Pero precisamente a eso nos referimos cuando hablamos de dejadez, a de esas pequeñas cosas que, una a una, pueden parecer insignificantes, pero que juntas terminan dando una imagen bastante poco edificante de cómo se cuida nuestra ciudad.
Las fiestas acabaron el día 8.
A ver cuándo se acaban de verdad.
